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La juventud extutelada enfrenta la salida dels sistema con formación baja y poco apoyo

Dos jóvenes sentados en una mesa de la terraza de un bar, tomando un refresco y comiendo unas patatas de bolsa. Él sujeta un móvil y ella, un folio.
  • El proyecto, impulsado conjuntamente por FEPA y el grupo de investigación IARS de la UAB y que cuenta con la colaboración de la DGAIA, revela importantes retos en formación, empleo y salud emocional entre los jóvenes al llegar a la mayoría de edad.

Con el objetivo de analizar el impacto de la preparación y los apoyos recibidos durante el proceso de transición a la emancipación de la juventud extutelada, el grupo de investigación de Infancia y adolescencia en riesgo social (IARS) de la Universidad Autónoma de Barcelona y FEPA -red de entidades para la emancipación juvenil se propusieron hace tres años impulsar un estudio longitudinal que analizara las trayectorias de vida de jóvenes que han estado en el sistema de protección catalán desde los 17 y hasta los 26 años a través deentrevistas en diferentes momentos (17, 21, 23 y 26 años). Se trata de CALEAMI(Care Leavers Moving Into Adulthood), un proyecto que permitirá, desde la evidencia científica, identificar elementos de mejora o reajuste de los recursos, servicios y programas existentes, en el que también se implicó la Direcció General d’Atenció a la Infància i la Adolescència (DGAIA).

Ya están disponible los resultados de la primera ola de investigación, que se centran en un momento crítico como es la salida del sistema de protección por alcanzar la mayoría de edad, es decir, cuando las personas jóvenes cumplen los 18 años. Las entrevistas realizadas a una muestra de 204 jóvenes que pasaron por el sistema de protección catalán han permitido analizar el impacto diferencial de la preparación y apoyos recibidos durante la transición en el desarrollo y evolución de sus trayectorias vitales en base a las experiencias y vivencias relatadas. Una variable es la diferencia basada en el origen, puesto que un centenar de la muestra la conforman jóvenes que nacieron en Catalunya y a quienes la Generalitat separó de sus familias por diferentes razones y otro centenar, jóvenes que emigraron solos y siendo menores de edad.

Formación y empleo: un reto estructural

Uno de los principales hallazgos del informe es la baja cualificación formativa de las personas jóvenes, especialmente entre la población de origen migrante. Aunque casi la totalidad de los jóvenes estaba realizando algún tipo de acción formativa en el momento de la entrevista (86.9%), la mayoría estaba cursando estudios
básicos como FPI, un curso ocupacional, el graduado en ESO en escuelas de adultos (52.7%). Poniendo el foco en la población de origen migrante, el 78,1% de los jóvenes que seguía formándose la hacía en niveles educativos básicos, con un acceso muy limitado a estudios superiores.

En cuanto a la experiencia laboral acumulada, más de la mitad de la muestra contaba con alguna experiencia previa. En el momento de la entrevista, menos del 10% estaba trabajando, si bien un 40% estaba en situación de búsqueda activa de empleo. También en este ámbito hay diferencias significativas en función del origen: mientras que la cifra de jóvenes migrantes solos que contaba con una experiencia previa era del 84%, en el caso de la juventud de territorio esta cifra era del 42,3%.

Salud emocional y redes de apoyo

El estudio también explora la salud emocional de los jóvenes. Paradójicamente, las personas jóvenes nacidas en Catalunya reportaron mayores niveles de ansiedad (36%)que la población de origen migrante (27%). Además, la juventud de territorio mostraba un mayor consumo de sustancias—diez puntos porcentuales por encima de la juventud de origen migrante—, mientras que estos últimos presentaban preocupaciones centradas en la situación económica y el bienestar de sus familias.

Los datos reflejan unaimportante carencia de redes de apoyo estables para ambos colectivos, un factor crucial para una transición exitosa a la vida adulta. Un porcentaje significativo de jóvenes no podía recurrir a nadie o, como mucho, a una persona para solicitarle apoyo material (32.2%), consejo o información (22.8%), o apoyo emocional (19.9%). La precariedad de apoyo material y emocional era más grave en el caso de los jóvenes migrantes. Casi la mitad de ellos no podía recurrir a nadie o como mucho a una persona en caso de necesitar apoyo material (46.3% vs. 22.3%)

La vivienda: un pilar débil

De la muestra entrevistada, sólo 31 jóvenes (15.5%) estaba en un recurso de autonomía (pisos o habitaciones supervisados) y de ellos, el 90.3% eran jóvenes migrantes solos. Ello, pese a que la juventud que está en recursos de autonomía tienen más oportunidades para desarrollar habilidades de autonomía como responsabilizarse de la compra o cocinar.

Un estudio que marcará políticas públicas

CALEAMI representa una herramienta fundamental para revisar y diseñar políticas públicas basadas en la evidencia científica. A lo largo de los próximos años, seguirá la evolución de estos jóvenes a los 21, 23 y 26 años, proporcionando información crucial para ajustar los programas de apoyo y emancipación juvenil.

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