La dinamizadora del equipo Entre Joves, Romaisa Krima ha participado hoy en la presentación del ‘Informe Juventud en España 2024‘ del Injuve, realizada en el campus del Poblenou de la Universitat Pompeu Fabra. Un acto que, además de contar con el director del informe y catedrático de antropología social en esa facultad, Carles Feixa, también han participado investigadores, responsables de política juvenil y entidades sociales.
El informe, basado en la encuesta estatal a 5.010 jóvenes de entre 15 y 34 años junto con otros estudios complementarios, pone el foco en las principales preocupaciones que atraviesan la juventud en el momento actual: la situación económica, el acceso al empleo, las dificultades en la vivienda, la calidad educativa y el bienestar emocional, especialmente la salud mental. A este respecto, Feixa señaló que existen tres crisis de contexto, la sanitaria, la climática y la económica, que están teniendo un fuerte impacto sobre la vida de las personas jóvenes y que construyen un escenario de gran complejidad.

Durante la jornada, la directora general del Injuve, Margarita Guerrero, y la directora del Observatorio de la Juventud en España, Laura Lobato, han presentado los principales resultados junto al equipo de la UPF.
«No queremos privilegios, sino las mismas oportunidades»
En su intervención, Romaisa Krima ha aportado la perspectiva de la juventud extutelada, poniendo en el centro la necesidad de que las políticas públicas no se queden en el diagnóstico, sino que se traduzcan en medidas concretas. «Este informe tiene un gran valor porque ofrece datos claros, contextualizados y accesibles para los medios y la ciudadanía, pero es importante que no se quede ahí, que se convierta en una herramienta de acción política», apuntó >Romaisa ha formado parte de una mesa redonda moderada por la periodista Maria Bouabdellah Shaim junto a Pau Cruz (La Intersindical).
Inquiridas sobre las principales demandas de la juventud de hoy en día, Romaisa ha apuntado: “Cualquier joven, en cualquier época, respondería lo mismo: queremos poder vivir bien, con tranquilidad y con calidad de vida. Tener un trabajo digno, acceder a una vivienda sin precariedad, disfrutar del tiempo libre sin sentir culpa y no tener miedo al futuro ni al presente. No pedimos más de lo que sería esperable en una sociedad moderna.”
Asimismo, ha puesto el acento en las desigualdades que afectan a la juventud extutelada: “De quienes hemos pasado por el sistema de protección se espera que, al cumplir 18 años sepamos ser adultos de un día para otro; pero nadie te explica cómo hacerlo cuando no tienes una familia detrás ni una red que te acompañe ni un colchón económico. No pedimos privilegios, sino las mismas oportunidades para empezar el camino».
Además, ha querido subrayar las situaciones de estigma y de discriminación que sufren muchas de ellas por haber estado en el sistema de protección y que pueden añadirse a otras como el origen. “Hay jóvenes que, si pierden su habitación o piso, no tienen un lugar al que volver. En muchos casos, se les exige un aval que no pueden ofrecer. Y a veces, simplemente por llamarse Fátima o Mamadou, ni siquiera reciben respuesta a un anuncio de alquiler”.








