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El Injuve señala que la emancipación juvenil es un derecho cada vez más lejano

Portada del informe.

España cuenta hoy con menos población joven que nunca y nunca antes había sido tan difícil acceder a una vida independiente en esta franja de edad. Esta es una de las principales conclusiones del Informe de Juventud en España 2024, publicado recientemente por el INJUVE y liderado por el catedrático de antropología de la UPF, Carles Feixa.

En un contexto de envejecimiento demográfico, precariedad laboral y un mercado inmobiliario poco accesible, la emancipación se retrasa hasta límites que comprometen el futuro de toda una generación. Hoy, la edad media de emancipación en España se sitúa en 30,4 años. Es decir, pese a que la emancipación es uno de los rasgos que caracteriza la etapa de la juventud, actualmente esta se puede dar cuando la persona ya ha rebasado esa etapa vital.

Desde FEPA-Red de entidades para la emancipación juvenil valoramos estos datos con preocupación, aunque no con sorpresa dado que es una situación que se ha ido consolidando en los últimos tiempos: emanciparse ya no es una transición natural, sino una carrera de fondo, desigual y, para un segmento de la población, simplemente inalcanzable.

Una juventud más reducida… y más tarde adulta

Según el informe, en 2023 España contaba con 7,6 millones de personas jóvenes de entre 15 y 29 años, lo que supone solo el 15,89 % de la población total. La comparación con décadas anteriores es reveladora: en 1983 la tasa de juventud alcanzaba el 24,33 %. Hoy, cuarenta años después, España tiene 1,3 millones de personas jóvenes menos, en un país con más habitantes.

Pero el reto no es solo demográfico. Las condiciones de transición a la vida adulta (empleo, vivienda, maternidad o paternidad, estabilidad económica) se han desplazado progresivamente hacia edades más tardías. Mientras que en otros países europeos estas transiciones se han adaptado con políticas públicas activas, en España la población joven enfrenta el proceso prácticamente en solitario.

La edad media de emancipación se sitúa ya en los 30,4 años, una de las más altas de Europa, muy por encima de países como Francia o Alemania. Y la maternidad, otro indicador sociológico clave, se retrasa también hasta los 31,6 años, frente a los 29,1 de Francia o los 29,9 de Alemania. La tasa de fecundidad, además, cae a niveles mínimos: 1,16 hijos por mujer.

La vivienda: principal barrera de acceso a la autonomía

El Informe de Juventud en España 2024 apunta con claridad a la vivienda como uno de los principales obstáculos en el proceso de emancipación. El 56,6 % de los hogares jóvenes reside en régimen de alquiler, y más de la mitad de estos hogares sufre sobreesfuerzo económico, es decir, destina una parte desproporcionada de sus ingresos a pagar el alquiler, muchas veces por encima del 30 % recomendado por los organismos internacionales.

Pero más allá de los datos económicos, el informe subraya un aspecto clave que cambia profundamente la forma en que entendemos el proceso de emancipación: la independencia residencial ya no es un camino lineal, ni definitivo. El antiguo modelo dicotómico de estar “emancipado” o “no emancipado” resulta hoy insuficiente para describir la realidad que viven muchas personas jóvenes.

La precariedad del mercado laboral, el encarecimiento de la vivienda y la ausencia de políticas de apoyo sostenido están provocando nuevos modelos de transición residencial, mucho más complejos. En muchos casos:

  • La familia de origen sigue apoyando a los jóvenes emancipados (económicamente, con cuidados o incluso pagando el alquiler)
  • Algunos jóvenes deben regresar al hogar familiar tras una primera experiencia de independencia frustrada, para volver a intentarlo más adelante
  • Otros optan por formas de cohabitación temporal o permanente, como compartir piso con amistades o parejas, también frecuentemente con el respaldo familiar.

Estas trayectorias fragmentadas, reversibles y dependientes desmontan la idea tradicional de que emanciparse es un acto puntual, definitivo y unidireccional.

Generación ‘sísí’ o cuando estudiar y trabajar ya no garantía de futuro

Una de las novedades más destacadas del informe es el crecimiento de los llamados ‘sísí’, personas jóvenes que compaginan estudian y trabajo y que ya representan el 23 % del total. Esta cifra refleja un cambio profundo respecto a generaciones anteriores. En 1992, por ejemplo, ese mismo porcentaje correspondía a jóvenes que solo trabajaban.

Este nuevo modelo de juventud ocupada, pero precarizada, pone en evidencia una desconexión entre el nivel de formación alcanzado y las oportunidades reales del mercado laboral. Aunque los niveles de cualificación juvenil son elevados, los salarios siguen sin ajustarse al coste de vida ni a las competencias adquiridas.

Juventud extutelada: emanciparse antes, en peores condiciones

En este contexto generalizado de dificultad y dependencia, la situación de la juventud extutelada se vuelve especialmente alarmante. Estos jóvenes, que han pasado por el sistema de protección, deben enfrentar el proceso de emancipación de forma mucho más temprana —a menudo a los 18 años— y sin el respaldo familiar ni económico del que sí disponen otros jóvenes.

Las entidades de FEPA conocen de primera mano esta realidad: jóvenes que, al cumplir la mayoría de edad, pasan a depender de recursos públicos o programas sociales para continuar su proceso de autonomía, en un entorno social que no está diseñado para sostener emancipaciones tan precoces ni tan frágiles.

A esta situación se suma la ausencia de alternativas reales de vivienda estable y asequible, la dificultad para acceder a contratos laborales compatibles con estudios o que garanticen ingresos suficientes, y el estigma social que muchas veces acompaña su trayectoria vital.

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