La dinamizadora del proyecto ‘Entre Joves’ de FEPA, Romaisa Krima, participó recientemente en el I Congreso multisede sobre Servicios Sociales, Cuidados y Comunidad, celebrado en el Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra Baluarte de Pamplona y que llevó por título ‘Los cuidados que queremos‘. La intervención de Krima se enmarcó en la mesa redonda ‘Lo personal y lo comunitario’, moderada por la secretaria de Estado de Derechos Sociales, Rosa Martínez, junto al director del CSS Antiga Esquerra de L’Eixample, Xabier Ballesteros.
Este foro, impulsado por la estrategia estatal ‘Los cuidados que queremos’ del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, exploró cómo fortalecer los vínculos comunitarios y los apoyos de base para construir sociedades integradoras, cohesionadas y resilientes. El debate incidió en la transformación de los servicios sociales, superando enfoques asistencialistas para priorizar la activación comunitaria, el empoderamiento y la atención centrada en las relaciones.
La soledad en la juventud, una realidad invisibilizada
Durante su intervención, Krima quiso visibilizar una realidad a menudo invisibilizada, la soledad en la juventud. “A menudo, cuando hablamos de soledad, pensamos automáticamente en personas mayores o en personas con discapacidad y es cierto que estos colectivos viven soledades muy intensas y específicas, pero también es algo que atraviesa a la juventud”, señaló. Y, específicamente a aquella que ha estado tutelada por el sistema de protección.
“Cuando he podido hablar con otros jóvenes, me he dado cuenta de que esa soledad es un sentimiento muy común, aunque muchas veces se viva en silencio”, apuntó. Krima describió esta experiencia como una vivencia compleja y profunda: “La soledad a veces puede ser sentir que, pase lo que pase, tienes que poder con todo sin ‘molestar’ a nadie o aprender pronto a no pedir ayuda porque no sabes a quién pedirla o que, de un momento a otro, pierdas toda esa estructura de vida que tenías, incluida esa sensación mínima de seguridad”.
En su intervención, también subrayó el impacto de una transición abrupta a la vida adulta, cuando al alcanzar los 18 años, cesa la tutela administrativa. “De repente desaparece la estructura, desaparecen los referentes, desaparece la red institucional, y lo que queda es una exigencia muy clara: autonomía inmediata, poca tolerancia al error y la obligación de tomar decisiones, a veces pequeñas en apariencia, que acabarán moldeando tu vida con el tiempo”.
Esta falta de red se traduce, explicó, en una ausencia de comunidad tangible en momentos clave: “Es en esta transición cuando muchos jóvenes empiezan a comprender lo que implica realmente esa falta de comunidad: sentir que no hay un lugar al que pertenecer, que no hay personas que te sostengan cuando algo importante sucede, como poder llamar a alguien antes de una primera entrevista de trabajo para que te tranquilice o te dé confianza”.
La importancia del acompañamiento a la emancipación
Frente a esta realidad, Krima defendió la importancia de construir comunidades densas como una de las vías más eficaces para combatir las soledades. También puso el acento en el papel del acompañamiento profesional: “La forma en la que se acompaña importa muchísimo. No es lo mismo sentir que eres ‘un caso más’ que sentir que hay alguien que te mira como persona, que entiende tu contexto y que no te reduce a un expediente”.
“Generar vínculos no es una idea abstracta, es algo que tiene que ver directamente con sentirse menos sola, con contar con personas que te sostengan en los momentos buenos y también cuando la vida se complica”, añadió.








